800 MILLONES DE BOLÍVARES.  Una manera de entender el empobrecimiento del nivel de vida de un Profesor a partir de uno mismo.

800 MILLONES DE BOLÍVARES.  Una manera de entender el empobrecimiento del nivel de vida de un Profesor a partir de uno mismo.

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ

 

Aunque existen numerosos expertos y analistas de la problemática de la remuneración de los Profesores Universitarios (PU), esta nota solo persigue destacar algo del deterioro de sus condiciones de vida.

 

Es conocido que, en los años sesenta y setenta del siglo XX, los PU podían tener en Venezuela un nivel de vida comparable al de algunos otros países cercanos – e incluso superior-, contando con un escenario de escasa inflación (al menos hasta mediados de los setenta). La población  -grosso modo- y los PU podían, entre otras cosas, comprar libros. Numerosas ediciones llegaban en esas décadas al país -y todavía en las dos siguientes-  y nutrían, junto a otros materiales, librerías dilectas que tenía la Caracas de entonces así como otras ciudades del país. También, en esas décadas de los sesenta y setenta, los PU podían viajar a especializarse o participar en diversas actividades científicas. Además, podían pensar en vivienda, autos y buenas condiciones de alimentación.

 

Pero, ya a finales de los setenta y en los ochenta comenzó el deterioro, que hasta hoy ha logrado conformarse como una recta de casi 45 grados con pendiente negativa que registre nivel de vida y tiempo. Pero incluso todavía a inicios de los ochenta, un Profesor Instructor a Dedicación exclusiva podía ganar sobre los 7.000 bolívares y ello representaba -sin haberse dado el 18 de febrero de 1983- cerca de 1700$. Pero el deterioro, en una administración tras otra, no dejó de pronunciarse, pues el contexto de inestabilidad cambiaria iniciado con el fatídico viernes negro y continuado con malas políticas y gobiernos que no fue siempre fácil -y/o los ciudadanos no quisieron- identificarlos como uno peor que otro, llevaron a la nación a formas de deterioro en las condiciones de vida de sus ciudadanos y en estos iban, con su -en muchos casos- espíritu de sacrificio y generación de esperanzas, los PU[1].

 

Pero no se podía prever que llegase al poder una administración como la bolivariana, y que algunos pudiesen esperar que varios contestatarios y políticos de la izquierda de los tiempos de la guerra (como gustan en decir algunos), de la pacificación, de la vida de los partidos políticos y de los golpes de estado, anidaran parte de sus esperanzas para transformar en buenas líneas la sociedad y la economía (cosa que ya no hicieron) y –además- pasara a tener el sector universitario defensores como condotieros medievales que hicieran valer los reclamos históricos y fundamentales de los PU, según venia la evolución planteada previamente.

 

Nada que ver, pura ilusión. Aquellos señores se olvidaron –apechugados ya en tal momento con el poder- de la vida contestataria. Y como al igual que a Caracas (estos días de cumpleaños) y a La Guaira para quererlas, recuperarlas y protegerlas hay que haberlas vivido y sentido, el sector universitario pasó en la mayoría de las ejecutorias tenidas por la administración bolivariana, a encontrarse desatendido por falta de políticas adecuadas o de funcionarios sensibles a sus penurias y evolución. Más aún, se encuentra asediado por la hiperinflación que afecta a todos, pero que para el sector de lo PU se le debe añadir el que no se dolariza, para los efectos del tema de interés de esta nota, como pasa con profesiones liberales en el actual escenario de dolarización informal. Se ha conformado así como una actividad de un profundo empobrecimiento absoluto y relativo (cuando se le compara con las remuneraciones de sector militar, por ejemplo, o con las profesiones liberales).

 

Cifras bastan y sobran: canasta alimentaria en más de 160 millones de bolívares para junio 2018[2], canasta básica en más de 300 millones de bolívares según los registros de CENDA (puede verse www.analitica.com 27 de junio 2018) y con lo relativo de la medición en servicios, que están todos dolarizados.  Para el caso de la canasta alimentaria en su informe mensual, CENDA manifestó que la canasta para el grupo familiar (que contiene 60 productos de consumo básico) valió en el sexto mes del año sobre los 164 millones de bolívares, registrando una variación intermensual de 125,5% lo que representa 91.358.282,03 de bolívares. “Esta variación es más alta que la registrada en el mes de mayo que fue de 83,7%, representa 33.160.119,41 de bolívares. Y es la más alta registrada en nuestros históricos” (www.eluniversal.com 14 de julio 2018).

 

Llegados a acá y con lo relativo de los registros sistemáticos y dedicados desde hace décadas de parte de CENDA, dado el volátil , rápido y dinámico escenario de hiperinflación y ante el cual la administración denota indiferencia y ninguna respuesta alternativa a lo que ha hecho hasta ahora en política económica y en donde cree y expresa que lo está haciendo muy bien, es de destacar nuevamente el profundo deterioro de las condiciones de vida de los PU, como mínimo conjunto de condiciones de lo que puede ser su producción científica e intelectual. Nuestra apreciación es que un PU para recuperar parte – no mayoritaria – de las condiciones de vida existentes antes de esta administración debería recibir un ingreso adicional al actual (ceteris paribus, eliminándose la hiperinflación) de entre 500 y ochocientos millones de bolívares. ¿Si esto que pensamos tiene algo de verdad donde quedan las tres cuatro tablas (se pierde fácilmente la cuenta de las existentes) que norman las remuneraciones de los PU actualmente? Entendiéndose que una de ellas, la vigente, a lo sumo alcanza para un Profesor Titular a cerca de 50 millones de bolívares. La carrera académica así, pierde atractivo y condiciones y serán, en parte quijotes de la academia quienes se esmeren en desarrollarla. Una autentica destrucción de la academia por las condiciones creadas y mantenidas por la “revolución bonita”

 

Ni que decir de actividades académicas que en todas las universidades del mundo pueden desarrollarlas profesionales de prestigio a tiempo parcial, pues las condiciones para las mismas son más deprimentes aun. Es esta la realidad del país en cuanto a sus PU.

 

@eortizramirez

eortizramirez@gmail,com

 

 

[1] Esto, por lo demás, ha sido también atributo de docentes de distintos niveles. Y sabido es que lejos se ha estado de aquellas referencias y detalles sobre como en Japón –por  poner un caso- siempre eran consideradas como fundamentales las remuneraciones de jueces, policías y maestros, entre otros.

[2] BS. 164.157.722,66 cifra exacta de CENDA (http://cenda.org.ve/noticia.asp?id=171).